“Como quien ahorra, yo, metódicamente, destruyo mi dinero. Todas las noches al llegar a casa destruyo unos pocos dólares en mi trituradora. Últimamente no tengo tiempo para más. Con paciencia los recombino según el mapa que he trazado de mi obra. Hace meses emprendí la tarea con entusiasmo. Al principio creí estar seguro de lo que hacía; de su significado y de su supuesto alcance artístico. Ahora, no tengo la misma certeza. Como cualquier trabajo rutinario, después de algún tiempo se vuelve tedioso y pierde sentido.”
Con estas palabras, Boneu describe el día cuarenta y cinco en su bitácora de trabajo. El resultado de esa exploración estética e intelectual que duró más de tres años, fue reunido en una serie de exhibiciones y un libro.
Cuando se acepta que la realidad solo es una suma de supuestos, inevitablemente surgen algunas preguntas incómodas:
¿Qué es en verdad el dinero actualmente?
¿Por qué nos empeñamos en dar nuestro tiempo a cambio de algo que realmente no tiene valor? ¿Qué tan seguro estamos de la utilidad de nuestro trabajo?
¿A qué le damos valor?¿Qué es lo útil, qué lo inútil?.
“En última instancia estas obras evidencian nuestro empeño en construir una realidad inútil, y de los monstruos que surgen de ella.”
Las exhibiciones de este proyecto estuvieron conformadas por un mural de grandes dimensiones construido a partir de billetes de un dólar triturado, y una serie collages -Quimeras- realizadas con trozos de billetes actualmente en circulación en diferentes países del mundo. El proyecto puede considerarse un intento de triturar simbólicamente la realidad hegemónica propuesta por el dinero que, según el autor, contribuye a confundir el valor que tienen las cosas con su precio de mercado.
Originalmente se incluyeron en la exhibición una serie de “Money Destroyer”, que fueron la principal herramienta de trabajo para la realización de la obra. Las máquinas estaban a disposición de los asistentes para que hicieran libre uso de ellas y trituraran su dinero.