“Nuestro cerebro busca desesperadamente darle un significado a los hechos que nos acontecen, impulsándonos constantemente a ir en pos del orden y la razón, aún cuando no existan”; nos recuerda el autor
Boneu se vale intuitivamente de esta premisa para realizar sus imágenes. Las diseña con precisión quirúrgica y las produce minuciosamente hasta que coincidan con eso que ha imaginado. Para ello, primero realiza un exhaustivo casting callejero, hasta encontrar entre desconocidos, a esos pocos que, finalmente, se sumarán a la aventura de perderse en un bosque o desnudarse en medio de la calle.
Luego construye los soportes de impresión valiéndose de miles de metros de hilo de algodón libre de ácido, que dispone en urdimbres. Copia las imágenes, las yuxtapone y, finalmente, desgarra la urdimbre con una navaja. “Así se entrevé lo oculto, lo que creemos ver, lo que no existe”, dice.
Pero cuidado, hay una trampa: esas imágenes que relevamos con rapidez y reconocemos , están pobladas de elementos ambiguos, de los cuales no nos percatamos a simple vista. Sólo cuando observamos detenidamente las obras encontramos que algo no encaja. Eso que creímos ver en un principio no es exactamente lo que hay frente a nuestros ojos: hay bailarinas con cuchillos y hachas, mariachis con bates de béisbol, médicos en medio de un bosque, portando armas de fuego, etc.
Ahora bien, como dice el autor “Estar prevenidos sobre este mecanismo no nos vuelve inmunes. Aunque entendamos en detalle el funcionamiento fisiológico por el cual vemos algo que no existe, e incluso hagamos un considerable esfuerzo para evitar el error, no podemos dejar de percibir una ilusión. Es un límite; punto de partida de nuestra imaginación”.
¿Qué hay allí detrás, apenas visible tras la última capa de hilos? ¿Un pájaro, un globo o un muerto? ¿Qué vemos en realidad cuando miramos? Parece preguntarnos una y otra vez Boneu.
Sí, “las ilusiones son indiferentes al conocimiento y a nuestra voluntad. Simplemente suceden, no podemos evitarlas. Quizás por eso, lo verdaderamente nuevo, lo que aún está por descubrirse, permanece a la sombra, invisible ante nuestros ojos abiertos”.